La vida poética: la victoria diminuta y la derrota inmensa. (In Memoriam Edgar Morin)

Se nos ha ido Edgar Morin, un pensador clave que ha tenido mucha influencia en mi vida y mi trabajo. Ya hace tiempo hacíamos burdos intentos de introducir la poesía en nuestros trabajos de consultoría. Él lo defendía mucho mejor: «Reconocemos la poesía no solo como un modo de expresión literaria, sino como el llamado estado alterado que surge de la participación, el fervor, el asombro, la comunión, la embriaguez, la exaltación y, por supuesto, el amor, que encierra en sí todas las expresiones de este estado alterado. La poesía se libera del mito y la razón, al tiempo que encarna su unión. El estado poético nos transporta a través de la locura y la sabiduría, más allá de ambas».

¡Qué mejor forma de celebrarlo que releer esta noticia! Los trabajadores de Samsung han arrancado, con la amenaza de una huelga, el 10,5% del beneficio de los chips que alimentan la inteligencia artificial (que están inflando las velas de los beneficios de muchas empresas de bienes «bien tangibles»). Suena poner una pica en el coto vedado del capital: los beneficios también deben ser para los trabajadores equivale a aceptar que juegan un papel mayor que lo que la escuela neoclásica quiere admitir.

Pero claro mi «razón de economía social y solidaria» me dice enseguida todo lo que esa victoria calla. Que reparten cien veces más al de memoria que al de electrodomésticos. Que cobran en acciones, atados durante diez años a la misma rueda financiera que los exprime. Que nadie en esa mesa habla del poder que se concentra, de lo que esos chips queman, ni del empleo que la propia máquina ya está destruyendo y el que amenaza destruir. La «sabiduría» sabe que es una victoria pequeña dentro de una derrota grande.

Y sin embargo. Quien lleva años en la economía social y solidaria aprende que la militancia no es otra cosa que esto: batallas constantes, victorias diminutas, derrotas enormes, y la terquedad de seguir celebrando las primeras sin dejar de nombrar las segundas. Morin lo diría mejor: hace falta el estado poético para sostener a la vez la locura de alegrarse y la lucidez de no engañarse.

Mi pequeño homenaje desde la orfandad que genera su marcha debería haber sido un poema, al menos una prosa con ritmo, una cadencia que no esconda la suciedad de la derrota prometida a todos esos sísifos que como él, mi padre u otras activistas viven una vida poética de razón y locura.

https://www.fnnews.com/news/202605271808069826

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